EUROVISIóN 2008

25/05/2008

Misión cumplida: el Chiki-Chiki no ha ganado Eurovisión. No entiendo la euforia de ganar este certamen ¿musical? cuando la elección de Rodolfo Chikilicuatre se hizo precisamente para perderlo (esta vez, con motivo!).

Después de escuchar todas las canciones (y no morir en el intento!), me quedo con el representante de Francia. Esto sí que es música!

Sebastien Tellier | Divine

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Sebastien Tellier

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Siempre están allí, correctamente vestidos, de pie, con las manos cruzadas a sus espaldas, observando todo cuanto acontece a su alrededor más próximo. De vez en cuando, un pequeño gesto confirma que, efectivamente, son de carne y hueso.

Qué vida más perra la del vigilante de seguridad! En la soledad del mundo que le rodea, vive sin ser visto. La gente que pasa por su lado, camina como si éste fuese un elemento decorativo más. No hay un gesto, una mirada, una sonrisa, un buenos días.

Y no me refiero a los vigilantes de seguridad de los grandes almacenes, no, yo me refiero a aquellos profesionales cuyo trabajo es salvaguardar la vida en pequeñas estancias. Para que nos entendamos, el típico segurata que vigila la entrada de un edificio institucional.

Su jornada laboral consiste en ver entrar y salir a las mismas personas cada día a las mismas horas: el contable chistoso del tercer piso, la secretaria pechugona que continuamente sale a fumar, la recepcionista simpática del primer piso delante del ascensor, el snob prepotente-lameculos del jefe, el becario puteado… Absolutamente todos, en un momento u otro del día, deben traspasar la puerta del edificio. Y día sí día también, se cruzan con el vigilante de seguridad.

Guardia de seguridad

Es triste evitar la palabra (o una simple mirada!) con la persona que cuida de la seguridad de tu entorno. No digo de entablar una conversación diaria o cosechar una bonita amistad (y por qué no?), pero al menos sí una mínima y correcta salutación, no?

Todo esto viene porque, el otro día, mientras esperaba ser atendida en un edificio institucional universitario, observaba el comportamiento de los trabajadores del lugar. Sólo las personas engreídas y pedantes (altos cargos, lameculos y demás) que pasaban por delante del profesional de la seguridad lo obviaban como si de un jarrón chino se tratase. Única y exclusivamente saludaban o cruzaban una fugaz mirada las personas modestas de bajo rango (becarios y bedeles entre otros).

Las clases sociales no se han extinguido ni se extinguirán nunca mientras haya gente que se crea superior sólo por tener una formción superior, un trabajo mejor remunerado o un cuerpo más esbelto que otros más desfavorecidos.

Es en estos casos cuando miro al infinito y digo aquello de “cuanto más conozco al ser humano, más quiero a mi gata.

JóVENES

20/05/2008

Siempre me ha gustado tener un politono original, alguna melodía fuera de lo común para evitar el típico “esta-sonando-está-sonando-tu-teléfono” de Nokia. No me gusta ver a mi alrededor 4 o 5 personas comprobando su telefóno cuando éste suena en algún lugar público; en mi opinión, denota una cierta carencia de personalidad. Por eso, lo primero que hago cuando me cambio el móvil es personalizar el tono.

Así pues, ante una llamada entrante, la intro de serie ochentera británica me advierte de la comunicación. No es de extrañar que me ponga a cantar y a bailar el politono haciendo esperar a la otra persona (siempre y cuando esto sea posible!). Además de ser un tono poco común, es divertido!

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CAJA TONTA

05/05/2008

Ahora que estoy de baja. Ahora que me paso el día delante de la caja tonta. Ahora que le saco más provecho a la TDT. Ahora es cuando estampo el mando a distancia contra la pantalla y grito:

Televisor

“Cuánto más canales de televisión, más vendedores de fregonas y aparatos inútiles hay”.

[Para más información:]
Directo a Casa
Shopo.Tv
La Tienda en Casa

19 PUNTOS

03/05/2008

[Voz de teleserie americana de los años ochenta]

EN EPISODIOS ANTERIORES…
La paciente número 3
Tristeza en compañía

[Sintonía de la teleserie; títulos de crédito]

Por fin llegó el día de la intervención. Tenía ganas de entrar a quirófano (bueno, si se le puede llamar quirófano a aquella habitación con ventanas, radiocassete y camilla central!). Me vestí para la ocasión -camisón, patucos y gorrito verde- y me estiré en la camilla a la espera de “el jefe”. La enfermera cañí que rondaba por allí me sintonizó Radio Tele-Taxi para que me tranquilizara. Madre mía, que espera más larga y nerviosa tuve!

Después de algo más de una hora observando el techo y haciendo oídos sordos (y nunca mejor dicho), llegó el médico erudito especialista que tenía que operarme. “Tranquila, que no será nada”, me dijo mientras palpaba mi pierna. Me pusieron anestesia local, así que me enteré de absolutamente todo lo que acontecía en aquel quirófano.

Quirófano

Y, efectivamente, es tal y como había visto en televisión. El doctor-jefe necesitaba tener música de fondo mientras me operaba. Una situación similar a la de las intervenciones quirúrgicas de Nip/Tuk. Además, el tema de conversación entre ellos era totalmente ajeno a lo que tenían entre manos: vacaciones, familia, el buen tiempo… Qué friki soy, pardiez! Mira que comparar la ficción con la realidad.

Fue una intervención larga, ya que cada vez que cortaban debían analizar el tejido. Finalmente, después de algo más de cuatros horas, dieron por acabada la operación. Cerraron el tema con 19 puntos de sutura y ¡ale!, pa casa.

Hago vida de gato doméstico: de la cama al sofá, del sofá a la mesa, y de la mesa al sofá, del sofá a la cama… Reposo relativo, me dijeron. Ahora sólo falta que me quiten los puntos. Parece ser que me quedará una cicatriz digna de un mordisco de tiburón!

Este post lo redacté días después de conocer el diagnóstico médico. Por pudor, o tal vez por no ser el momento, censuré el escrito y lo guardé en el baul de los recuerdos. Ahora, leo de nuevo mis palabras y ya no me duelen. Es el momento de publicarlo.

Es curioso ver la reacción que tienen tenemos los seres humanos ante el llanto. Cuando me dieron la noticia, acepté sin más. Al día siguiente, después de darle vuletas al asunto y pensar en ello, me derrumbé. Al fin y al cabo, por muy pequeño que fuese, no dejaba de ser ESO.

Como iba diciendo, al día siguiente me deshice en lágrimas. De camino al trabajo, no pude conternerme y expresé exteriormente mi disgusto. Es una sensación extraña: no quieres llorar pero cuanto más lo piensas, más ganas tienes de hacerlo.

El tren, como cada mañana en hora punta, viajaba hasta el techo de gente. Una situación poco íntima para el llanto. Aun así, no pude evitar derrarmar lágrimas de miedo, de temor, de preocupación.

Y vuelve a ser una situación rara: estar rodeada de gente (con codos ajenos en tu cara, espaldas desconocidas contra tu culo) y nadie se percata de tu tristeza. Individuos apáticos, invulnerables, ajenos al sentimiento del prójimo.

Sólo hubo una persona que se fijó en mis ojos llororos. Sólo hubo una persona que hizo el intento de acercarse, pero se detuvo en cuanto le miré a los ojos.