¿Quién me manda a mí meterme en terreno peligroso? ¿Por qué, de repente, suelto idioteces palabras inoportunas en conversaciones intrascendentales? ¿Por qué nací sin el don de la palabra? ¡Qué he hecho yo para merecer esto!

A veces, es mejor permanecer callado que hablar y confirmar sospechas. Porque con la boca cerrada no entran (ni salen!) moscas. ¿Que porqué digo todo esto? Sigue leyendo, sigue…

Bocazas

Después de estas fechas tan entrañables llenas de paz y amor señaladas, la rutina laboral se acercaba por el minutero del despertador. Como mindundi de biblioteca que soy, me disponía a empezar mi jornada laboral cuando, de pronto, noté una presencia humana que se acercaba hacia el despacho.

¿Quién puede ser si todo el mundo está de vacaciones hasta después de reyes? -pensé mientras minimizaba (por si acaso!) algunas ventanas del explorador. Cuando los pasos de mujer (los tacones nunca fallan!) llegaron al final del pasillo, una voz me sorprendió:

-Hola, qué poca gente somos en la oficina, no? Cómo han ido las fiestas?

Era la directora de la biblioteca, la jefa suprema de la biblioteca. En ese instante éramos cuatro personas mal contadas en toda la oficina, y para hacerse la simpática, venía a saludarnos hacer acto de presencia ante los cuatro pringaos que no teníamos vacaciones…

-Bien, gracias! Digeriendo aun los polvorones… -contestó mi compañero-.

Y con la risita falsa del mindundi que no sabe qué decir en estas situaciones comprometidas con la capo de la organización, no se me ocurre otra cosa que seguir la conversación:

-De resaca! Después de estos días de comilonas y excesos, aquí estamos, con resaca…

La cara que puso la directora, mi jefa, no tiene precio. Tierra, trágame!

-¿De resaca? Unas fiestas tan familiares y tranquilas como son las navidades y con resaca? Eso tú, porque yo no [he bebido tanto como para tener resaca].

Mi compañero, al ver el patinazo que había tenido, intentó salvarme acabando la conversación-de-protocolo-que-no-lleva-a-ninguna-parte. Luego, en la intimidad del despacho, se descojonó de mi don de la palabra…

¿Resaca? ¿después de navidad? ¿yo? ¿la que bebe agua en una copa de cava para brindar? ¿la abstemia de la familia? Madre mía, he quedado como la borracha de la oficina ante la directora de la biblioteca!

Ya lo dice la sabiduría popular: “Calla si no puedes mejorar el silencio”. Y en cualquier caso, si intentas mejorar el silencio y no lo consigues, Juan-Ca, el monarca te echa un cable: “¿Por qué no te callas?”

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Este año pasará a la historia (mi historia, se entiende!) como el año en que conseguí entradas para ir a ver al Boss en Barcelona. Después de dos años intentándolo, por fin lo he conseguido.

Y para celebrar este acontecimiento -personal- y las navidades -en general-, que mejor que cantar y bailar un villancico made in USA. Porque aunque no comparta la tradición del gordo bonachón con largas barbas blancas, sí que me gusta la ingenuidad y el espíritu navideño que transmite la canción…

BON NANDAL A TOTHOM
FELIZ NAVIDAD A TODOS

You better watch out
You better not cry
You better not pout
I’m telling you why
Santa Claus is coming to town
Santa Claus is coming to town
Santa Claus is coming to town

He’s making a list,
Checking it twice;
Gonna find out who’s naughty or nice.
Santa Claus is coming to town
Santa Claus is coming to town
Santa Claus is coming to town

He sees you when you’re sleeping
He knows when you’re awake
He knows if you’ve been bad or good
So be good for goodness sake

With little tin horns and little toy drums
Rooty toot toots and rummy tum tums
Santa Claus is coming to town
Santa Claus is coming to town
Santa Claus is coming to town

He sees you when you’re sleeping
He knows when you’re awake
He knows if you’ve been bad or good
So be good for goodness sake
Goodness sake

You better watch out
You better not cry
You better not pout
I’m telling you why
Santa Claus is coming to town
Santa Claus is coming to town
Santa Claus is coming
Santa Claus is coming
Santa Claus is coming to town

(Coming to town)
Santa’s a busy man he has no time to play
He’s got millions of stockings to fill on Christmas day
(Santa Claus is coming to town)
(Coming to town)
(Santa Claus is coming to town)
(Coming to town)

BURDELES NAVIDEñOS

10/12/2007

¡Atención! Ha llegado la prostitución navidad. Mires donde mires, unas luces de neón te advierten del negocio de la celebración que se está llevando a cabo. Unos cuelgan luces de colorines, otros prefieren el parpadeo molesto y, los más horteras, prefieren unas estrellitas y una silueta humana.

No hay una ley escrita. De un tiempo para acá, está de moda adornar la terraza como si de un burdel de carretera se tratase. Porque no me lo negarás! Pasear por la ciudad es como conducir perdido por carreteras de mala muerte donde cada 100 metros hay una casa mal iluminada con unas luces forforitas que dicen “Tiffany’s Club”.

De acuerdo, no es lo mismo. Pero cada vez que salgo a la terraza y veo los balcones de mis vecinos adornados con ese gusto tan pésimo y vulgar me entran arcadas. Porque en vez de celebrar la navidad parece que estén compitiendo por ver quien consigue más clientes.

Al fin y al cabo la navidad es como un gran burdel donde los clientes gastan su dinero en bienes efímeros con el objetivo de satisfacer las necesidades más básicas…

Seguro que ya lo habrás visto, hace unas cuantas semanas que corre por la red. Se trata de un vídeo de Enjuto Mojamuto, uno de los personajes de Muchachada Nui. Sí, los antiguos chanantes

Cuando lo ví por primera vez no pude parar de reír, casi me caigo de la silla con las carcajadas! Y es que en la era en la que vivimos, todo el mundo ha sufrido tenido una experiencia paranormal con internet:

Reinicié el ordenador…
encendí y apagué el router…
reinicié el ordenador…
llamé al servicio técnico…
(…)
Al final la conexión vino sola: como se fue vino.

En el fondo los adultos son como niños. El hecho de cumplir años con el paso del tiempo no modifica el comportamiento y la manera de ser de los seres humanos. En otras palabras, que si de pequeño eras un pequeño cabroncete, de mayor serás un hijo de puta con todas sus letras, no hay remedio.

Pensaba que el hecho de dejar atrás la etapa escolar también implicaba dejar de aguantar ver individuos que no merecen ser tratados como personas. Pero poco a poco me voy dando cuenta que no, que el mundo real no deja de ser una continuación de nuestra etapa infantil…

No comprendo el motivo de tanto odio, de tanta envidia y de tanta maldad en algunas personas. Es como si hubiesen nacido con el demonio dentro y éste no les dejara obrar con buenas intenciones. Me hace gracia observar como se les llena la boca hablando de sinceridad, integridad y honradez delante de todo el mundo como si se colgaran medallas de oro por ser unas excelentes personas. Luego, en la intimidad de una habitación cerrada a compañeros (des)conocidos, se convierten en víboras que escupen ácido venenoso por doquier sin dejar títere con cabeza.

No lo entiendo. Cuando preguntas por ahí qué es lo que más detestas de las personas, el 99’9% de las respuestas coinciden siempre: la falsedad, la hipocresía y la envidia entre otras. Entonces, si todo el mundo piensa igual, ¿cómo es que existe la carroña?

Por el tono de mis palabras pensarás que algo me ha sucedido con este tipo de individuos. No vas desencaminado/a. LLevo un par de semanas desgustada con ciertas personas con las que única y exclusivamente tenía un trato cordial de “hola, qué tal”. Estas personas, a raiz de un suceso personal, me han atacado por la espalda con sus lenguas viperínas y, hasta incluso, me obvían en pequeños acontecimientos. Y todo por el puto odio, la puta envidia y la maldad que corre por sus venas.

Yo estoy muy tranquila, sé que no he hecho nada malo y, en cualquier caso, si lo hice, lo hice a mi manera. Si tal vez tienen miedo de mi y de mis actos será por algún motivo, algo que quizás no hayan hecho bien en su momento. Pero me da igual, porque quien se pica, ajos come.