EL PáJARO ESPINO

12/10/2007

Hace un par de semanas que le he echado el ojo. Cada día, siguiendo el ritual mañanero de cualquier borrego humano que se desplaza a su puesto de trabajo, llega a la estación, se sienta en el mismo banco de siempre y espera la llegada del tren. Un tipo curioso, sobre todo por el alzacuellos que se deja entrever bajo su chaqueta gris marengo.

No debería sorprenderme el hecho de que un sacerdote utilice el transporte público en hora punta, pero hay algo en él que me llama la atención. Tal vez su apariencia de “joven rompecorazones” o quizás los complementos que le acompañan en su vestuario religioso, no lo sé, la cuestión es que me paso el trayecto observándolo y elucubrando el motivo por el cual un tipo tan apuesto se ha alistado a las filas de la iglesia.

Mientras me distraigo ante él, me percato de unos cables que le salen de su bolsillo derecho en dirección hacia la cabeza. Pero si son unos auriculares! Qué demonios narices escuchará un sacerdote en un tren? Música religiosa? Cantos gregorianos? O tal vez el último éxito de Shakira?

Y Dios qué opina de ésto? Llevar un iPod encima, con canciones descargadas de internet (lugar pecaminoso y lleno de vicio) y disfrutar de la música en los desplazamientos… Es pecado?

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