SUEÑO DE GATO

28/08/2007

En las tardes de verano, mientras reposo plácidamente en la tumbona de la terraza, Mina se estira espatarrada a mis pies con la intención de refrescarse del calor soporífero. Es una imagen muy veraniega que cada año por estas fechas se repite.

Este año, para ejercitar las pocas neuronas que me quedan, he decidido comprarme una revista de pasatiempos repleta de sopa de letras. Un nombre muy adecuado para un montón de letras sueltas reunidas en un recuadro, sí, pero creo que en verano deberían cambiar el nombre por uno más refrescante. Algo así como “Gazpacho de letras” o “Horchata con letras”…

Sea cual sea el nombre de este pasatiempos, cada tarde me siento en la tumbona de la terraza en busca de palabras extrañísimas, palabras que sólo conocen los creadores de diccionarios: flocadura, sutas, burgo, jirofina o anquetil, por poner sólo un ejemplo! Mientras me peleo con el pasatiempos, Mina ronca duerme como un tronco a mis pies.

Gatito

No sé qué soñará que a menudo mueve la cola, como si le agradase lo que está soñando. A veces también le da por mover las patitas y los bigotes… Es muy gracioso observarla mientras duerme. Según los movimientos que haga, puedes interpretar qué está soñando. Ayer, por ejemplo, de golpe y porrazo se puso a lamer como una loca. Seguro que soñaba con comida, o con algo dulce (le encanta la nata!), o simplemente se estaba relamiendo. Hoy, la he descubierto pegando puñetazos. Sí sí, estaba moviendo las patitas delanteras como si hubiera encontrado un juguete escondido bajo algún mueble.

Cuando me enfado con el gazpacho de letras, abandono el bolígrafo y observo el comportamiento gatuno de Mina. Qué demonios estará soñando? Soñará con vivencias personales (o gatunas) acontecidas en los últimos 30 minutos? Soñará con nosotros (sus dueños)? O tal vez soñará con otros gatos? Preguntas tontas que me rondan por la cabeza…

Pero es que no puedo dejar de darle vueltas al tema. Si Mina nunca ha visto otro gato, si no se reconoce delante del espejo, si jamás ha tenido contacto con el mundo exterior, con qué narices soñará Mina que la inquieta tanto?

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BIBLIOTECARIA

25/08/2007

Me ha llegado a la redacción un e-mail que no tiene desperdicio, al menos para nosotros los profesionales de la información (también conocidos mundialmente como simples bibliotecarios). Se trata de una bibliotecaria que escribe una carta a su hija advirtiéndole de las ventajas y desventajas que tiene nuestra profesión:

Mi adora hija,

Ahora que debes enfrentarte a una desición que puede marcar tu vida para siempre, te escribo esperando que mis palabras te guien y ayuden a elegir mejor.

Tú puedes ver con afecto nuestra biblioteca y encontrar interesante mi trabajo entre ellas, puedes pensar que porque desde pequeña te llevé a bibliotecas en las que te sentiste a gusto y porque mi ayuda te permitió encontrar más fácilmente las tareas absurdas e interesantes que tuviste en el colegio, que ser bibliotecaria puede ser también una opción para tí. Pero tú no sabes, hija mía, la verdad que voy a contarte ahora sobre mi profesión:

No es cierto que vivir entre libros sea maravilloso, siendo bibliotecaria pocas veces tienes tiempo de leerlos a gusto y se terminan convirtiendo en objetos de laboratorio que sólo significan más trabajo. Además, pocos bibliotecarios trabajan hoy entre libros y menos aún los leen. La verdad, hija mía, es que los bibliotecarios terminan hartos de los libros como el chef termina hastiado de los maravillosos platillos que prepara.

Siendo mujer y bibliotecaria tendrás sobre tí una imagen permanente que te perseguirá. Si eres muy bella, tus colegas te harán la vida imposible; si renuncias a verte bien los hombres huirán de tí, diciendo: claro, es bibliotecaria. Si eres muy callada y no haces amigas íntimas en el trabajo, tus colegas hablarán mal de tí y en poco tiempo estarás buscando trabajo; si eres amable y festiva y te conviertes en el centro de atracción, los celos de todas te perseguirán y también tendrás que buscar trabajo de nuevo.

Laboralmente tus contratos serán siempre temporales y, si logras vincularte y obtener un cargo directivo, tendrás que lidiar con la incomprensión de colegas que no soportarán verte como jefe y te harán la vida imposible. Por qué crees, hija mía, que hay tantos directores de bibliotecas que no son bibliotecarios? No es porque no podamos dirigirlas, es porque no soportamos ser dirigidos por otro bibliotecario.

Si inviertes tu tiempo y dinero en estudios de postgrado, te quedarás fuera del sistema laboral por estar “sobre capacitada”; y si no sigues estudiando, te despedirán por lo contrario. En cualquier momento podrás ser reemplazada por un becario que cobra menos, o por un ingeniero que sabe más, o por un sociólogo que es más serio, o por cualquier otro que crea que puede hacer tu trabajo mejor que tú. Porque qué misterio puede tener la biblioteconomía?

Y lo peor, hija mía, siempre tendrás que estar explicando a todo el mundo qué es la biblioteconomía y qué hace un bibliotecario, siempre habrá voces bajas cuando digas tu titulación y miradas de pesar y comprensión. Todos pensarán que estudiaste eso porque no eras lo suficientemente buena para hacer otra cosa, o porque eres muy perezosa para estudiar una carrera universitaria de verdad. Y tus amigos llamarán a tu casa para que les busques rarezas de crucigrama, o tareas para sus hijos y no dejarán de preguntarte, para qué bibliotecarios si ya hay internet?

Por eso te pido, hija mía, no te hagas bibliotecaria. Pero si aún así crees que las bibliotecas y la lectura son indispensables en el mundo, y que los bibliotecarios pueden hacer algo para hacer posibles los sueños humanistas en los que ya nadie cree y te atreves a ser bibliotecaria, con orgullo te llamaré colega.

Tu madre que te quiere

Todo lo que se dice en esta carta es, tristemente, cierto. Tal vez por eso, me he sentido identificada en muchos aspectos y me ha hecho reír. Además, para darte a conocer un poco más mi nuestra profesión, qué mejor forma de hacerlo que ésta!

Puede parecer un estereotipo, pero cuando vuelva al trabajo, de aquí un par de semanas, mi mesa estará igual que la de la foto: montones y montones de libros pendientes de catalogar… A pesar de todo, ser bibliotecaria mola mazo!

Bibliotecaria

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[Imagen: La Imagen Social del Bibliotecario]

EL RADIOCASETE

22/08/2007

Desde que me saqué el carnet de conducir, allá por el invierno de mil novecientos noven… digo 2003, siempre he disfrutado de un equipo de audio en el coche. Como aquel anuncio, disfruto al volante escuchando buena música y, si hace falta, saco la mano para jugar con el viento.

Por eso, hasta hace relativamente poco, concretamente, hasta hace un par de días, aun viajaba con un radiocasete en el coche. Sí, aquella radio ochentera de grandes botones rodantes (uno para el volumen y otro para el dial) con una ranura central para las cintas de casete. Además, para envidia de los nuevos modelos de frontales extraíbles, mi radiocasete se extraía por completo dejando un oscuro hueco en el sapicadero.

Pero como iba diciendo, hace dos días decidí modernizar mi buga así que tiré la casa por la ventana (en sentido metafórico, por supuesto!) y me acerqué al taller de la ciudad. ¿Por qué los vendedores siempre son hombres aparentemente debiluchos y las cajeras mujeres con curvas voluptuosas? ¿Y por qué era yo la única fémina del local?

Mientras me hacia estas preguntas, caminaba por los pasillos en busca de la sección de audio. El chumba-chumba de los potentes bafles me facilitó el camino. ¿Qué radiocasete escoger? Marcas, precios, luces, sonido… Lo tenía relativamente claro: el que siguiera la regla de las 3B: bueno, bonito y barato. Finalmente, después de un intercambio de palabras con el debilucho vendedor, me quedé con un radiocasete modesto.

Después de algo más de cuatro años peleándome con las cintas de casete enganchadas en el radiocasete del coche, por fin es el momento de disfrutar del sonido de calidad, de cientos de canciones sin descanso, de aprovechar la música descargada, ¡ejem! comprada. Ahora ya puedo bajar las ventanillas del coche y, cual neng de Castefa, conducir por la ciudad con la cabeza bien alta y mi “greatest hits” de la ELO a toda castaña. Ja!

Cuando me hablan de números y me hacen calcular de cabeza algunas cifras ya lo advierto: soy de letras. Sí, entre un logaritmo neperiano y una traducción de latín, sin duda alguna me quedo con el logaritmo la traducción. Qué placer cuando la profesora escribía una frase en latín en la pizarra y te decía aquello de “en diez minutos la quiero ver hecha”. Era entonces cuando desenfundaba mi diccionario VOX Latín-Español / Español-Latín y pasaba páginas a la velocidad de la luz en busca del mejor significado para aquellas palabras incomprensibles.

No voy a ser modesta, el latín se me daba muy bien, para qué negarlo. Disfrutaba con las declinaciones: rosa-ae, dominus-i, bellum-i… ¡Ay! qué placer combinar sustantivos con adjetivos a la vez que con sus respectivos verbos. Recuerdo muy especialmente la frase “Magistra laeta laborat”. Ahora voy a parecer pedante (sólo ahora?), lo sé, pero por culpa de esta maldita frase saqué un 9 en vez de un 10 en el examen. La traducción correcta era “La maestra trabaja contenta” pero al parecer no traduje bien el adjetivo laeta… Batallitas de una chica de letras aparentemente sabihonda.

Pero a lo que venía, que como siempre, me voy por los cerros de Úbeda. Como iba diciendo, soy de letras. Y cuando digo que soy de letras, me refiero a que no soy nadie sin una calculadora. Ya sea para pasar de euros a pesetas (sí, a mi también me pasa), para dividir el precio total de una cena entre los amigos, para solventar pequeñas deudas in situ (trapicheos varios en los desayunos de bar), para calcular la hora, para todo! Soy, como decirlo, una inútil numéricamente hablando.

Por eso, cuando leo en los periódicos todas esas noticias relacionadas con la bolsa norteamericana y la crisis hipotecaria no puedo evitar hacerme la siguiente reflexo-pregunta (reflexión con pregunta final):

[Atención, es una paranoia duda idiota de una chica de letras numéricamente inútil con concocimientos nulos de economía. No me lo tengas en cuenta!]

Inyección de líquido por parte de los bancos mundiales… Esto es poner dinero en el mercado para que no se acabe… Esto es crear, fabricar, generar nuevas monedas y billetes para el uso diario a la hora de comprar y vender productos y servicios, correcto?

Quién es la persona que decide la cantidad de dinero que dispone un país para poder comerciar? Sí, ya, el Banco Mundial, pero, porque un país tiene X millones de euros (o dólares!) y decide que a partir de tal día el país dispondrá de más millones? No sé, lo veo demasiado fácil… Por esta regla de tres, cada cierto tiempo (por ejemplo, cada seis meses), todos los países podrían fabricar más dinero para ser más ricos que el país vecino y así sucesivamente hasta ¿el infinito?

O si no, a escala individual! Necesito dinero para comprarme unos zapatos. En vez de ir al banco a sacar el dinero (o robárselo a alguien, qué se yo!), me lo fabrico en casa y tan campante. Es ilegal, lo sé, pero viene a ser lo mismo, no?

[Hasta aquí la duda existencial de temática económica. Si alguien sabe como funciona esto de la economía mundial, agradecería que compartiera el conocimiento conmigo y con los posibles lectores que hayan llegado hasta aquí. Eso sí, sin tecnicismos eh!]

EL TAXISTA

06/08/2007

Aun recuerdo aquella noche en que, después de emborracharnos salir de fiesta y beber con moderación, cogimos un taxi para regresar a casa. Era un coche relativamente nuevo, limpio y brillante. Recuerdo perfectamente el color de la tapicería: blanco impoluto. Bueno, impoluto antes de que mi amiga dejase un pequeño regalo en el asiento de atrás… Por suerte, el taxista no se dio cuenta de la mancha hasta que no bajamos del coche.

El otro día, por circunstancias ajenas a mi voluntad, tuve que coger un taxi. Es increíble la de porquería que llevan en el salpicadero: el GPS, el ventilador (sí, todavía existen taxistas que hacen uso de tal trasto), una libreta enganchada al parabrisas para tomar nota, el móvil 3G, el no-corras-papá y, hasta incluso, un taxímetro! Vamos, que necesitan sacar la cabeza por la ventanilla para ver por donde conducen.

El taxista del otro día era cañí de pura raza, auténtico. Sólo abrir la puerta, un funda de leopardo reposaba en el asiento trasero. Delante, colgando del retrovisor, un rosario y un ambientador de pino nuevo. Como hilo musical, grandes éxitos de hoy y de siempre: Manolo Escobar, El fary, Los Chichos, etc. A todo esto, un microclima de -3 ºC (o menos!) amenizaba el viaje.

Menudo viaje! Mareada por el olor a ambientador barato, muerta de frío por el chorro de aire congelado que se dirigía a la parte de atrás del vehículo y atormentada por la “música”, el trayecto se me hizo interminable. Menos mal que la fina y agradable voz de carajillero del taxista me avisó de la llegada a mi destino, sinó no sé como hubiese acabado. Bueno sí, tal vez el taxista se hubiese llevado un pequeño regalo como el otro…

EL RETONNO

05/08/2007

Qué difícil es volver a coger el ritmo blogueril. Cuánto tiempo hacia que no me pasaba por aquí? Dos meses? Cuatro? Una eternidad, vamos. Como ya te dije entonces, he estado muy liada compaginando el trabajo a jornada completa con las prácticas de biblioteconomía. Fueron unos meses duros, sin tiempo para salir, para descansar, para vivir. Pero el esfuerzo ha valido la pena. Después de escribir la memoria de prácticas y de presentarla delante de un tribunal como si de un cásting de Factor X se tratase, se puede decir que, oficialmente, ya soy bibliotecaria.

Pero de todo esto ya hace algo más de mes y medio que sucedió. El motivo que no haya vuelto por estos lares es ni más ni menos que pereza. Sí, como lo lees, pereza de sentarme delante del ordenador, buscar una imagen y soltar la tontería de turno. Tengo experiencias surrealistas para explicar, pocas pero tengo; tengo idas de olla para compartir, pocas pero tengo; tengo anécdotas laborales (de biblioteca) para reír un buen rato, pocas pero tengo; pero me faltaban las ganas para ponerme un par de horas a contarlas.

Desde hace unas semanas me ha vuelto a picar el gusanillo del blog. Aunque tuviera el chiringuito abandonado, pasaba a leerte a menudo sin dejar rastro. Además, después de un acto puramente egocéntrico (leer mis posts antiguos y ver que, realmente, tan mal no escribo), he decidido retomar el blog y aprovechar el hosting y el dominio que un día compré.

Total, que aunque sea agosto y esté todo el mundo de vacaciones, aquí vuelvo yo para escribir mis paranoias personales y “recordar el presente”. Porque luego, con el paso de los años, hace gracia ver lo que has escrito, no?

Nota
El 13 de mayo del 2007, después de una larga enfermedad, nos dejó Merche. Aunque no nos conocíamos en persona, le tenía un gran aprecio. Se te hecha de menos, Merche. Descansa en paz.

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La imagen es elizabeth (osease, yo) simpsonizada.
Visto en Javier Torres